Otra vez

De nuevo, de nuevo lo mismo. De nuevo de noche, de nuevo con frío, de nuevo exactamente a esta mismísima hora en que prenden estos regadores automáticos que están malos (¿hace años que están malos?) y que tiran el agua para adentro de la calle y que quizás ni me mojen realmente, pero que los detesto. Lo peor de todo, de nuevo cocido.

 

¿Por qué no llego nunca? ¿Por qué no aprendo la lección? ¿Cuánto tiempo llevo pedaleando? Poco, seguramente. Es obvio que poco, porque siento que llevo mucho, y normalmente los viajes se sienten mucho más largos cuando se está curado. Siempre lo mismo. Tampoco siempre, pero tampoco sé cuántas veces. ¿Cuántas serán?
Por lo menos tomé ciertas precauciones. No sólo precauciones. Ja, ja. Pero tengo las luces prendidas, buen comienzo. Por lo menos sé que voy lento. Lo puedo ver en el ciclocomputador, no miente. ¿Voy zigzagueando? Parece que no. Derechito. «Curado manejo mejor», cuando otro lo dice es un chanta, ahora lo pienso yo y es, por lo menos, posible. No, imposible. Por lo menos ya estoy llegando, derechito al sobre. Nunca más. O hasta la próxima.

Dirección de la micro

¿Qué onda? ¿Una puerta? Ya, no es que una puerta en una micro sea algo tan excepcional, más bien todo lo contrario, pero una puerta por el lado izquierdo nunca lo había visto. Una puerta sola, justo al medio. Lo que sorprende no es ni la puerta, ni la micro. Es ese patrón inesperado que de repente aparece; es estar pedaleando como tantas veces, por la izquierda de una micro parada en el paradero, y como ninguna, que aparezca una puerta, que van a la derecha.

 

Lo que pasa es que hay tres actitudes posibles frente a una micro cargando y descargando pasajeros en la calle. Meterse a la derecha, justo antes de que baje y suba la gente y pasar como un guarén en ese estrechisimo espacio. Dos, pasar por la izquierda, sólo válido si estamos seguros que alcanzamos una buena velocidad antes de que parta la micro. Y tres, esperar atrasito de la micro, comerse el viento caluroso que sale del motor y partir juntos después. Pero con esto de las puertas a los dos lados cambia todo, las direcciones que tenían sentidos bien definidos ahora son cualquier cosa y habrá que decidir caso a caso.
Sí, me acuerdo que hay un plan de poner paraderos en el bandejón central de la Alameda, cosa que tenga sentido esto de poner las puertas por los lados. Pero entonces, ¿nadie pensó en los pobres pasajeros? ¿Cómo van a esperar la micro ahora? Esperar la micro es un acto fundamentalmente lateralizado. Siempre, sin excepción, si queremos saber si viene o no nuestra micro, giramos la cabeza hacia el hombro izquierdo. Nadie la espera de espalda. ¿Qué va a pasar ahora?